martes, 20 de enero de 2009

¡¡Qué estranha forma de vida!!


Durante años creí que yo era un romántico empedernido, vino a ser esta creencia a los dieciocho o así. Con los años fui renunciando al romanticismo hasta hacerme un pragmático furibundo. Todo iba bien y yo pasaba muy poco de los veinte. Pero en estas edades fui por primera vez a Gouveia y se me pasó el pragmatismo para ciertas cosas. Los días nublados me ponen ligeramente melancólico y el fado "Gaivota" se me pegó al alma para siempre.
Nunca me han gustado las montañas ni las sierras; soy más un hombre de llanura, pero "a Serra da Estrelha" es como un imán para mí. No sé si es el silencio o quizá la lluvia lo que me llama la atención de esa parte de Europa, pero entrar en la carretera por "Casas de Soeiro", seguir hasta Carrapichana y a partir de allí adivinar las primeras freguesías de Gouveia, es para mí una alegría.
Creo que llegué al Concelho Gouveense en torno a 1995, aunque mis amigos portugueses dicen que lo hice en 1992. Posiblemente es porque ellos gustan de darle más antigüedad a las cosas, quizá sea esa una forma de hacerlas más entrañables o quizá de unirnos aún más. Yo no se lo discuto porque me hubiera encantado ser un músico de la corte de Don Sebastiaô, y así me siento a veces por la forma en la que me reciben; con todo el cariño del mundo.
En Gouveia puedes pasear por la calle y encontrarte con Vilhala, un periodista que cubrió para la radio nacional portuguesa como corresponsal en España los sucesos desde el atentado contra Carrero Blanco hasta la muerte del General Franco, un gran conocedor de la historia reciente de nuestro país, puedes tomarte una caña (un fino allí) con Joao Rebocho, premio literario Fnac de Portugal, tengo la satisfacción de que me haya dedicado sus libros "urdidura" y "pâo e agua". Cuando llego a dar un concierto a estos parajes, me encuentro la noticia en primera página del periódico de la zona porque Paolo Prata, el periodista más renombrado de por allí, me saca en cuanto que sabe que voy. Esta vez nos comimos unas migas de bacalhao en la quinta de Pacheco, antiguo Presidente de la Cámara y amigo desde hace muchos años.
Y he conocido también en esta ocasión a gente nueva, Rui Eufrazia y Alberto han organizado perfectamente mi concierto y la conferencia de mi compadre que dimos allí, aunque bien es cierto que no he visto a Joao Moraes, Fernando Martinho, Taiá, Carla, P. Prata, Marghuerida, Pina, Isabelinha, Patrizia, Xandra y muchos más de los que no me acuerdo no por falta de cariño, sino porque en este momento, simplemente no me puedo acordar.
Pero el fenómeno del antiguo imperio ultramarino es para mí sin duda Joao Amaro. Si yo fuera presidente de la República le pondría de primer ministro. Joao me descubrió esa música que se adhiere al alma y habla de destinos fatales que se llama Fado en las versiones de Coimbra y Lisboa y consiguió que para mí un año feliz sea aquel en el que voy al menos una vez a la Serra da Estrelha. No hablo de mi agradecimiento hacia su persona porque a los amigos no se les agradecen más hechos que el de que existan y sean amigos de uno.
La otra noche cené una cosa que se llamaba petiscata o algo así y era de bacalhao, flor de sartén de "el niño", mi cuartel general de por allí. Mi amigo Antonio el de "el túnel," estupendo. La verdad es que en Portugal, con café y bacalhao se vive. Transcribiré una frase; "el bacalhao puede-se cocinar de mi maneras, mais seimpre sabe igual; a bacalhao. ¡Fillo de puta paixe!"

Nunca podré darles a esas personas la mitad de lo que ellas me dan. He aprendido que no se puede vivir en España sin mirar hacia Portugal, que la Historia no acaba de ser justa porque no nos ha enseñado de una manera clara que somos hermanos y que nuestro destino es cercano al de ellos y que siendo distintos a veces en nuestro sentir, la experiencia de nuestros vecinos del país de al lado es enriquecedora hasta ser necesaria.
Pienso volver en cuanto qu
e pueda, siempre lo hago. Hasta entonces, un abrazo fuerte para todos ellos. No soy imparcial, mi experiencia en Portugal sólo es buena, no existen mundos ideales, pero para mí la cara que me ha mostrado ese país es la más amable y no conozco otra, así que no puedo ver más que virtudes. Mejor para mí en cualquier caso, que le traten bien a uno en alguna parte tal cual está el mundo, es una suerte. O meu amor Luz, gusta de Gouveia tanto como yo, Millor aún.

Hasta muy pronto gouveenses, quizá en primavera, y si no puede ser entonces, no faltará la ocasi
ón. Por cierto, picad en la foto de Amalia que hay abajo.











1 comentario:

jjamaro@sapo.pt dijo...

caro amigo,
Aproveito o vagar de domingo, para tomar este aperitivo, imediatamente antes de rumar a Seia, com Isabelinha, onde me espera um suculento cozido à portuguesa que um dia hás-de provar (pois nem só de café e bacalhau...)
Que dizer das palavras amáveis, expressas neste teu registo, senão que elas fazem transparecer - mais do que uma amizade pessoal feita de ausência e reencontros - uma vontade, mais universalista, de te assumires como o "espanhol mais português que se conhece", sem qualquer pretensão de fusão ibérica ou de traição ao pátrio reino.
Com que cara, eu, futuro primeiro ministro (Ah!Ah!)me desculparia a Zapatero? ou a sua majestade Juan Carlos?
Deixa que te retribua: mais que um amigo, em ti, ganhamos um cidadão que, pensando bem, não está assim tão longe, ao ponto de revelar esse sentimento tão exclusivamente português que dá pelo nome de "saudade" e está tão subtilmente na génese do "Fado" ou no seu próprio léxico.
O regresso (o reencontro) está sempre marcado. Na Primavera? A Primavera é sempre que um Homem quiser.
Abraço para ti e para Manolo.
Um beijo para Luz e para os meninos.
João Amaro